Vivodyne, una empresa que cultiva tejido humano en laboratorios robotizados, planteó a TechCrunch el 19 de agosto un argumento que merece atención incluso descontando el discurso comercial. Los modelos de descubrimiento de fármacos se entrenan sobre todo con instantáneas estáticas de células y con experimentos animales, y aproximadamente nueve de cada diez fármacos que funcionan en animales fracasan al llegar a los ensayos en personas. La postura de la empresa es que a los modelos no les faltan parámetros, les faltan datos causales sobre biología humana: registros de qué hace un tejido humano a lo largo del tiempo cuando de verdad se le administra algo. Su respuesta es un sistema robótico que llama HIVE, que cultiva veinte tipos de tejido humano, los dosifica y los vigila sin manos humanas, y que según la compañía funciona ya a una escala que describe como el doble de la de todos los ensayos clínicos de Estados Unidos juntos. Declara una precisión predictiva del 94 por ciento en toxicidad hepática, del 96 por ciento en comportamiento de las vías respiratorias y coincidencia total con los resultados conocidos en veinte fármacos de quimioterapia probados sobre médula ósea. Ocho grandes farmacéuticas han pagado por acceso anticipado. Vivodyne ha levantado cerca de 80 millones de dólares. Las cifras de precisión son suyas y no se han replicado de forma independiente.